Malon - Quito, Ecuador (19-05-2012)
Quito es una ciudad rodeada de montañas en medio de los Andes. Hasta los mejores futbolistas del mundo temen jugar en su altura, dos mil ochocientos metros sobre el nivel del mar, pero un avión proveniente de la Argentina –que hizo escala en Guayaquil– penetró su frío cielo la noche del dieciséis de mayo con cuatro músicos metaleros en su interior.
Una veintena de seguidores los esperaba en el aeropuerto Mariscal Sucre. Había pasado la hora de su arribo y la expectativa crecía. Transcurrían los primeros minutos del jueves diecisiete cuando Claudio O’connor salió. Lo primero que hizo en medio de los saludos de varios rockeros fue encender un cigarrillo. Se sentó al borde de la Van que transportaría al grupo y empezó a autografiar discos de Hermética, O’connor y Malón.
Bromeaba sobre el contenido de su equipaje y, en ese momento, no previno el malestar que ocasiona la falta de oxígeno a los recién llegados de tierras bajas. El resto de la banda, que venía de tocar en un escenario 360° –típico del box o la lucha libre– para ocho mil personas, llegó a la capital de los ecuatorianos sin que los familiares de emigrantes que aguardaban en la terminal se mosquearan.
En la mañana subieron unos mil metros más rumbo al cráter del volcán Pululahua. También estuvieron a 0°0’0’’ de latitud sobre la línea que divide a la Tierra en dos partes iguales. Para el día viernes ya estaban de vuelta en el hotel cuatro estrellas, ahí dieron una rueda de prensa.

Sobre una enorme cruz plateada Antonio “Tano” Romano llevaba a Black Sabbath en su camiseta. Habló de un nuevo disco que será muy “espontáneo” para aprovechar el buen momento que atraviesan en el comienzo de su gira por América. Cuando les preguntaron sobre lo que tienen preparado para el show dijeron que la sorpresa serían los temas de la H; “es Karlos, pero si cierran los ojos pueden imaginar que está tocando Hermética con Ricardo al bajo” sugirió el guitarrista.
Karlitos Cuadrado, inmutable, miró a los asistentes con un gesto que contrastaba con el sombrío rostro de “El Guasón” que llevaba sobre el pecho. Interpretado por el desaparecido Heath Ledger en The Dark Night (la última cinta de Batman) la imagen del fantástico villano la lució también durante el concierto. Es que como el actor australiano, este bajista tuvo que remplazar a una leyenda: en los noventa rasgaba las gruesas cuerdas de acero provocando un sonido que Ricardo Iorio forjó para Hermética desde la disolución de los ochenteros V8; en el siglo XX Ledger le daba forma y voz al payaso criminal que Jack Nicholson recreó marcando un precedente en el 89. Los dos se transformaron mientras los originales se iban por otros rumbos. Ahora Nicholson prefiere las comedias mientras que Iorio lidera desde el micrófono a Almafuerte.
Junto a Claudio “Pato” Strunz los integrantes de Malón bajan del Olimpo de sus discos. Se muestran naturales y sorprendidos por la ovación de la gente que los escucha desde hace más de una década, que se alegra de conocerlos, de que hayan recorrido cinco mil kilómetros para visitarlos. Un fanático les regala una sandía en donde ha tallado el nombre de la banda, el baterista estira los brazos para alcanzarla y le sacan fotos como si se tratara de un trofeo previo a su hazaña en Ecuador. Pero el verdadero premio vendría después.

Para ver a Malón ha llegado gente de otras provincias del país: Guayas, Manabí, Azuay, Santo Domingo de los Tsáchilas, Imbabura; hasta de Colombia y Perú han venido a ver la fuerza de esta banda que patentó el groove con riffs que expresaban el malestar de nuestra gente en su propia lengua. El día del recital los acordes de Resistencia, la banda soporte, se perdieron entre los gritos de la mayoría de asistentes que clamaban por la presencia de Romano, Cuadrado, Strunz y O’connor.
Un telón rojo adornaba el escenario, detrás estaba el logo de la banda principal y a los costados las imágenes de lanzas cruzadas que usaron en Buenos Aires. La Ágora es circular, la acústica es buena si estás al fondo o en el medio, donde rebotan las ondas sonoras. Una de las barreras, la que separaba la general de la localidad VIP, fue derribada y de no ser por la otra valla que cercaba la golden box al frente, se habrían dejado ver los espacios vacíos en el graderío de una sala con capacidad para cuatro mil quinientas personas que solo sobrepasó la mitad de su aforo.
Aún no eran las nueve de la noche y se escuchaba cómo los asistentes probaban los instrumentos tocando acordes de la banda. Entre ellos estaba Randy Romano, el hijo del “Tano”, quien toca la batería. A las ocho y cuarenta y cinco se apagaron las luces y la melodía que usaron para abrir en el micro estadio Malvinas Argentinas se repetía. Los temas fueron cayendo uno tras otro en medio del delirio total: ‘Síntoma de la Infección’, ‘Culto Siniestro’, ‘Mendigos’, ‘Hipotecado’, ‘Cicatrizando’, ‘Bajo el Dominio Danzante’ y ‘Castigador por Herencia’ le precedieron a la porción de Hermética que habían preparado.
La canción ‘Robó un Auto’ sonó rauda. Luego vino ‘Memoria de Siglos’; la parte que reza “libertad y sus vestigios... / ¡más vale ponerse a salvo! / muchos calzan gorro frigio / solamente por ser calvos” resonó la tarde anterior en la voz del propio vocalista cuando dijo: “somos bastante anarquistas... lo que buscamos es que despierten y se rijan por su íntima consciencia; no estamos con ningún gobierno”
‘Gatillo Fácil’ no podía faltar junto a su ‘Espíritu Combativo’. Entonces, los tambores marcaban el ritmo de un canto típico en los conciertos argentinos: “baila la hinchada baila...” termina con el acompañamiento eléctrico y otra sección de la H aparece con ‘Víctimas del Vaciamiento’ para concluir en ‘Sepulcro Civil’. Fue el momento apropiado para ‘Cancha de Lodo’, nos dejaban clara la recopilación de experiencias callejeras que Cuadrado y Strunz registran en sus canciones. El bajista estuvo fuera de las tablas, trabajando en la construcción con sus hermanos, cuando Malón se despidió después de grabar su <<Resistencia Viva>>.
‘Ciegos del Mundo’ sorprendía a muchos antes de que llegara la impronta ochentera de ‘Vientos de Poder’ y ‘Evitando el Ablande’. ‘Sobaco Ilustrado’ nos traía de vuelta el primer disco de Malón para dejarnos exhaustos con su ‘30.000 Plegarias’. Antes de los bises, sin que las luces se apaguen completamente, O’connor saca de entre bastidores a un miembro de la Cruz Roja al centro del escenario:
—Queríamos agradecer al que nos estaba ayudando—dice y abraza al paramédico. El “Pato” deja su puesto para saludar a todos, vuelve a tomar los palos, empieza a marcar el ritmo de ‘Malón Mestizo’.
‘Tú Eres su Seguridad’ flota sobre los gritos de los presentes que confirman lo que acerca de esta pieza sentenció Antonio Romano: es “como el humo sobre el agua de nuestra época” y antes de que la asimilemos, parte esas aguas ‘Soy de la Esquina’ que parece forzar las seis cuerdas hasta esfumarlas en el solo, falla el sonido cuando todo estaba dicho.
Tambores indios para la despedida y O’connor amaga quitarse la pulsera de cuero, las baquetas del “Pato” por los aires y un manojo de púas le cae al público mientras la banda posa de espaldas.

Uruguay, Chile y México fueron los países que los vieron en su primera etapa (1995 - 1998) aparte de su nación. A su regreso, catorce años después, tocarán en varios países fuera de la Argentina e iniciaron su periplo internacional en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Todo un éxito para una banda que empezó desde abajo:
—(al empezar) nos pusieron dos mesas de pool como escenario—comenta O’connor. El “Tano” cierra la anécdota:
—hemos tocado con Black Sabbath y ahora vamos a Estados Unidos...
—lo hicimos ‘a todo pulmón’ como dice Lerner—apostilla el cantante—y lo haremos en la misma línea para que el sentimiento prevalezca.
Claudio O’connor se llevó una réplica de la Tzantza, el trofeo de los guerreros de la etnia autónoma de los Shuar, “el pueblo de las cascadas sagradas”. Una cabeza reducida con la que estos indígenas amazónicos encerraban el alma de sus contrincantes para lograr que no volvieran. Así se despidió Malón del Ecuador, liberando –aunque no estuvo en el set list– su ‘Grito de Pilagá’ por todo el continente.
Fotos:
Crónica: Luis Fernando Fonseca
Fotos: Juan Pablo Fonseca / Marcelo Benalcázar